11 sep. 2016

DIALÉCTICA DE UNA DERROTA Por Carlos Altamirano (Libro en PDF)


Link para Libro en PDF: http://www.psuv.org.ve/wp-content/uploads/2016/01/Dial%C3%A9ctica-de-una-derrota.pdf


RESEÑA:

Se extinguía el 4 de septiembre de 1970. El pueblo se había volcado sobre la alameda Bernardo O’Higgins, arteria principal de Santiago, para celebrar una victoria que por largas décadas se había mostrado esquiva.

Allende era virtualmente el presidente de Chile, aunque el gobierno de Frei dilataba el reconocimiento oficial de los resultados electorales. Trabajadores, jóvenes estudiantes, mujeres de las poblaciones marginales y campesinos de la periferia capitalina, explosionaban de júbilo sobre la ancha avenida. La burguesía amedrentada, intoxicada por su propia propaganda, se había parapetado en sus mansiones, aguardando el asalto de las turbas vencedoras. La culpa acumulada en siglo y medio de dominación y explotación, oscurecía y silenciaba los barrios elegantes.

Aquélla fue una noche de alegría larga. El pueblo cantó y bailó hasta avanzada ya la madrugada... pero ni un sólo vidrio se quebró en Santiago, ni una sola bofetada castigó la arrogancia replegada del enemigo derrotado. Los trabajadores se asomaban a su destino con una increíble demostración de generosidad y madurez cívica.

Casi exactamente tres años después, cuando también se apagaba otro día de septiembre, la burguesía alborozada bebía champán en sus lujosos salones: Allende había sido asesinado y se clausuraba brutalmente la vibrante experiencia que él encabezara. La soldadesca, inoculada de odio, irrumpía en los hogares populares y allí destruía, robaba, violaba y asesinaba, mientras el pijerío ebrio delataba, golpeaba y colaboraba en la tarea de exterminio.

Cuando septiembre fue del pueblo, los partes policiales no registraron un solo desmán. Cuando fue de la burguesía, murió ensombrecido por el hedor de 40.000 cadáveres. El terror rojo, persistentemente anunciado por los heraldos de la burguesía, no se asomó entonces ni en los tres años subsiguientes. El terror blanco, en cambio, vino sin anuncio y su faena nunca se dio pausa después de la derrota popular. Dos estilos de vida, dos concepciones diferentes de la sociedad y del hombre. Una, la del pueblo, alegre, generosa, abierta a la esperanza de una vida superior. Otra, la de sus adversarios, torva, deshumanizada, implacablemente resuelta a defender sus privilegios.

El examen de los dos proyectos sociopolíticos que emergen de aquellos aconteceres, el intento de construir una sociedad socialista, en pluralismo, en democracia y en libertad, y la experiencia fascista, que metodiza la destrucción de un vasto sector social para afincar el dominio burgués imperialista, constituyen el objetivo central de este libro.

El ensayo está escrito para satisfacer una urgente necesidad personal y partidaria, a la vez que una apremiante exigencia revolucionaria. Desde la dirección del más poderoso partido de la Unidad Popular, jugamos un importante papel en el quehacer convulsionante de los últimos años. Ello nos impuso la obligación de ir recogiendo las interrogantes variadas que emergieron del desenlace trágico. Deseamos, en estas páginas, dar a ellas una respuesta directa y categórica, desde nuestra perspectiva. Comprendemos las dificultades y asumimos plenamente los riesgos. El triunfo electoral de un movimiento marxista, en un país pequeño, dependiente y subdesarrollado, es un hecho excepcional en la historia, el desarrollo posterior del proceso y su subsiguiente fracaso, crearon incógnitas complejas, difíciles de desentrañar.

Premeditadamente habíamos eludido enfrentar esta tarea sin contar con una perspectiva histórica adecuada y sin la serenidad indispensable para liberar el análisis de cualquier interferencia subjetiva y emocional.

Creemos que ya ha trascurrido el tiempo suficiente como para encarar esta exigencia. Entendemos insoslayable la obligación de hacer llegar nuestro pensamiento a los combatientes, que desde todos los rincones de los caminos revolucionarios, hurgan en la experiencia chilena las lecciones inapreciables que emergieron de su victoria y derrota.

Con posterioridad al golpe militar, empezó a proliferar en Europa y en América Latina, una profusa literatura analítica en tomo a las cuestiones fundamentales planteadas por nuestra singular experiencia. Ello no es extraño. Pocos hechos, en lo que va del siglo, han impactado tan violentamente a la opinión pública mundial. Pocas veces, el movimiento revolucionario internacional había formulado con tan vehemente severidad el cuestionario de sus dudas:

¿Qué factores determinaron la derrota? ¿Cuál fue la magnitud y la entidad de los errores cometidos? ¿Qué desviaciones lo obstaculizaron y sobre qué «fichas ideológicas» deben éstas ser imputadas? Y por cierto, como cuestión sustancial, ¿estaba o no la derrota fatalmente determinada por la singularidad misma de la vía, en apariencia divorciada de la ortodoxia?

Las respuestas ensayadas han entregado un aporte valioso al debate promovido. No obstante, en no pocas de ellas, se ha incurrido en errores determinados por perspectivas inadecuadas. Existe, a nuestro juicio, tendencia « magnificar factores adjetivos del proceso, a los cuales se atribuye un peso específico, casi excluyente. Para algunos, la suerte de aquél, aparece sellada pura y simplemente por la decisión voluntariosa del imperialismo de hacerlo abortar. Para otros, estaba condenado por la incapacidad de la dirección revolucionaria, para articular, política y socialmente, un entendimiento con los sectores medios, que evitara el aislamiento del proletariado. Hay también, quienes buscan el nudo de la trama en el ritmo impuesto a la experiencia, lento para Montescos, vertiginoso para Capuletos.

No pocos aparecen orientados, más que a profundizar objetivamente en la realidad íntima del drama chileno, a satisfacer determinadas posiciones partidistas o doctrinarias. Finalmente, algunos juicios críticos se expresan a contar de moldes ya utilizados o de experiencias ya vividas, con los cuales se pretende establecer analogías mecánicas.

Carlos Altamirano Orrego (Santiago de Chile, Chile, 18 de diciembre de 1922) es un político y abogado chileno.

Fue secretario general del Partido Socialista de Chile (1971-79), diputado (1961-65) y senador (1965-73), aunque antes ejerció como profesor de hacienda pública y derecho económico en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile.

Durante el gobierno de Salvador Allende, Carlos Altamirano, en su calidad de Secretario General del PS, se distinguió por ser uno de los dirigentes más intransigentes del régimen, al llamar a la revolución armada con su popular eslogan «avanzar sin transar». Su diálogo extremista era evidente, y culminó en la total división de la sociedad.

Liderando la vía la insurrección armada contra la burguesía, el 9 de septiembre de 1973 llamó al enfrentamiento armado y a oponerse, por todos los medios, a la ofensiva golpista, descartando cualquier tipo de diálogo. Posteriormente, se exilió en Cuba tras el 11 de septiembre de 1973. En 1978, fue reelegido en su cargo de Secretario General del PS en la ciudad de Argel.

Tras asistir en Madrid al funeral de Franco, en 1975, Augusto Pinochet mantuvo reuniones secretas con el terrorista neofascista italiano Stefano delle Chiaie, cercano a la logia P2 de Licio Gelli, para planificar -sin éxito- un atentado contra él. Desde el exilio, protagonizó la renovación ideológica del socialismo chileno. Regresó a Chile en 1993, desvinculándose desde ahí de la política activa aunque no de la reflexión política, que plasma en las páginas de su libro `Después de todo`. También es autor del libro `Dialéctica de una derrota` (1977).

Fuente de la Reseña:  http://ebiblioteca.org/?/ver/31438